Día del Trabajador: una celebración vacía .
Por: Marisela Gutiérrez No escribo para agradar, escribo para que despierten Hoy se celebra el Día del Trabajador. Se felicita, se hacen discursos, se publican mensajes llenos de reconocimiento, pero en la práctica, poco o nada cambia. Porque seamos claros: sin empleados no hay empresa. Sin obreros no hay producción. Sin trabajadores no hay riqueza. Y aun así, son los últimos en la lista de prioridades. El sistema ha convertido al ?trabajador en una pieza reemplazable: útil mientras produce, desechable cuando exige. Esa es la realidad que muchos prefieren maquillar con palabras bonitas cada primero de mayo. En el campo, en las zonas francas, en las instituciones públicas y privadas, miles de hombres y mujeres sostienen la economía con su esfuerzo diario. Se levantan temprano, cumplen, rinden, y aun así reciben salarios que apenas les permiten sobrevivir. Mientras tanto, se les exige más: más preparación, más experiencia, más compromiso, más sacrificio. Siempre más. Pero cuando toca cumplir con la ley laboral, con los beneficios, con la dignidad salarial, ahí sí aparecen las excusas. Se habla de que “el trabajo dignifica”, pero la explotación no. La precariedad no. El irrespeto a los derechos laborales no. Celebrar al trabajador mientras se le paga mal, se le sobrecarga y se le niegan sus derechos, no es un reconocimiento es hipocresía. El verdadero respeto no se escribe en redes ni se pronuncia en discursos. Se demuestra cumpliendo la ley, pagando lo justo y entendiendo que el trabajador no es un gasto, es la base de todo. Porque mientras eso no cambie, el Día del Trabajador no será una celebración. Será un recordatorio de todo lo que aún está mal.


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