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Mafia internacional trafica dominicanas en Argentina

BUENOS AIRES, Argentina.- Cae la noche en Buenos Aires y es hora de salir a buscársela. La joven mulata de cabellos largos y oscuros se pasea por la acera de la avenida Bolívar y camina dos cuadras hasta llegar a la intercepción de la avenida Caseros, en el populoso barrio de Constitución.Entre el bullicio de los comercios y las edificaciones antiguas del sector con más tráfico de personas en la ciudad porteña, la dominicana llama la atención y las miradas de la gente. Pero finge naturalidad y dominio, a la vez que espera ansiosa el primer cliente del día.
La vida de Gabriela cambió a partir de aquel junio de 2001, cuando arribó al Aeropuerto Internacional de Ezeiza con una maleta de modestos sueños e ilusiones de superación económica, luego de que se le prometió –en Santo Domingo- un empleo como doméstica en una residencia bonaerense.
En el país suramericano, sin embargo, la aguardaba un oficio considerado como un método de “esclavitud moderna”: la prostitución.Tras entregar a sus tratadores sus documentos personales, incluso su pasaporte, quedó indefensa en tierras extranjeras. Así se vio en la necesidad de dedicarse al trabajo sexual, principalmente en la zona de Constitución y Barracas.
“Desde entonces estoy aquí, mi niña”, comenta. “Tengo que aguantarme toda la soledad, maltrato y atropello hasta que consiga el dinero suficiente para largarme. Tú me entiendes, no me conviene hablar más de la cuenta”, expresa la joven oriunda de San Juan de la Maguana tras reconocer que está “más o menos” acostumbrada al oficio.
Con lágrimas que arruinan su cargado maquillaje, Gabriela rehusa dar detalles sobre los proxenetas que la llevaron a incursionar en el negocio de la prostitución. La paraliza el miedo a futuras represalias.El panorama es aún más grave.
La frecuencia con que se comete la trata de inmigrantes desde República Dominicana a Argentina, especialmente mujeres para fines de explotación sexual, y los allanamientos de la policía federal a prostíbulos en busca de dominicanas secuestradas, tienen todas las características de una epidemia nacional.De hecho, las autoridades migratorias hablan de la existencia de una mafia internacional que se encarga de traer dominicanas engañadas para involucrarlas en el lucrativo negocio de la prostitución en la Argentina, el cual genera, según la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), entre US$8 y US$10 millones anuales.Ante esta realidad, la Dirección Nacional de Migración redobló – en marzo de 2009- los controles de seguridad y chequeo para los ciudadanos dominicanos que desean ingresar al territorio argentino.El pasado sábado 18 de abril, la Superintendencia de Investigaciones Federales rescató a tres dominicanas maltratadas que habían sido engañadas para trabajar en la Argentina como empleadas domésticas y que permanecían en una vivienda de Mar del Plata obligadas a prostituirse.La orden del director de Migración, Martín Árias Duval, de aumentar las medidas de seguridad en los aeropuertos provocó la repatriación de 166 dominicanas por el Aeropuerto Internacional de Ezeiza."El primer vuelo que controlamos con esta disposición, conocida como el falso turista, se tuvo que volver a Dominicana con 54 mujeres. Y frenamos el ingreso de 20 mujeres hace dos semanas”, revela el funcionario.Las constantes verificaciones y medidas de control pretenden, a su juicio, frenar la expansión de las redes de trata desde la nación caribeña.Las 166 dominicanas fueron repatriadas en vuelos comerciales de Copa Airlines, con escala en la ciudad de Panamá, lo que representa un problema para la gerencia de la línea aérea que se queja por las ocasionales pérdidas económicas. Mientras, las mujeres deben de esperar horas muertas, sin probar bocado y sin asesoría de las autoridades consulares, hasta que haya un cupo en uno de los aviones.En el Aeropuerto Internacional de las Américas (AILA), las principales aerolíneas que brindan servicios a Argentina, Copa Airlines y American Airlines, verifican que sus pasajeros cumplan con las nuevas disposiciones: la tenencia de más de US$1,500 y un domicilio fijo durante su estadía en territorio argentino.La coordinadora de la Red de Mujeres Trabajadoras Sexuales de Latinoamérica y el Caribe, Elena Reynaga, asegura que repatriar a las trabajadoras sexuales dominicanas no representa una solución al problema, puesto que se traduce en devolverlas a las mismas redes ilícitas.“Ellas no son las que cometieron el delito, sino los dueños de los prostíbulos y los reclutadores. Son las víctimas y aquí no hay ningún proxeneta preso”, enfatiza la también representante de la Asociación de Mujeres Meretrices de la Argentina (AMMAR).Pero antes de dar la batalla contra de la trata de migrantes desde territorio dominicano, hay conflictos por resolver. AMMAR advierte de una complicidad de los gobiernos con las redes ilegales y una falta de voluntad política de los estados. “Las redes están compuestas por los poderes y este abuso es más viejo que la injusticia. Ahora son las dominicanas y paraguayas, pero antes eran las polacas”, cuenta Reynaga.

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